martes, 7 de julio de 2009

santiago safari



La temperatura comienza a subir rápidamente y a pesar que aun no son las 12 de la tarde la sombra es un lugar perfecto para descansar. El sol golpea con fuerza mis hombros y los joviales rayos de sol me animan a pasear por mi urbe santiaguina.


Mi ruidosa ciudad es un paraíso salvaje de concreto, lleno de vida al estilo Discovery Channel o National Geographic. Muy pocas personas se percatan de las criaturas que habitan mi ciudad. ¡Está ciudad no tiene vida, está muerta! Son comentarios que escucho. Pero ellos no ven lo que yo veo. Aquí existen elefantes metálicos que diariamente contaminan mi jungla urbana pronunciándose con sus gritos únicos. Sus bocinazos que advierten que van a pasar y que no molestan su camino. Yo me subo confianzudamente a este elefante mecánico. Pago mi peaje y la gente me mira extraño pues disfruto del viaje. Los seres dentro de esta maquina son muchísimo mas extraños que la máquina en sí. Ellos son una especie de parásitos que viajan en las entrañas de la explotada criatura. Muchos de ellos religiosamente utilizan una especie de caja musical con mucho botones llamados celulares. Escuchando música promoviendo su religión, y la evangelización funciona al parecer. Siempre noto a estos sacerdotes al ritmo de sus reggaetones obligando a los otros pasajeros a que escuchen su mensaje. Nadie los manda a callar pues parece que están en lo correcto. Ami me molesta por eso observo mi travesía tipo safari. Tengo tanto que aprender de esta ciudad y sus maravillosas criaturas transportadoras. Me bajo en estación Baquedano. Y noto una cueva en la cual descansa una criatura aun más misteriosa que los famosos Elefantes mecánicos. Cuando bajo por las fauces de la caverna, se siente como respiran estas criaturas que me aguardan.

Un aire caliente sale por la cueva y el sudor frío es el que me paraliza. Pero debo conocer todo lo que esta jungla gris me ofrece así que sigo.

Dentro de esta caverna existen unas extrañas serpientes gigantes que se tragan a mucha gente. La mayoría de los seguidores de está criatura pagan tributo para poder viajar dentro de ella. Son tan rápidas que recorren santiago entero en un par de minutos. Siempre por debajo de la tierra y en algunas oportunidades, salen de la tierra para tomar aire.

Dentro de la serpiente noto como la gente cambia, no hablan, con suerte se miran. Como si la serpiente les quitara un poco de humanidad para que su sequito se transformara en maquinas para así aguantar el día.

Yo vine preparado como todo buen aventurero. A mi no me gusta dejar de ser humano por eso utilizo mi propio tanque de oxigeno, para no sofocarme con el proceso de transformación. Este tanque de oxigeno se conecta a mis oídos y de está manera puedo obviar el echo que mucho se transforman en máquinas...



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